La Playa de La Rijana, en el término de Gualchos-Castell de Ferro, es uno de los últimos tramos de costa granadina sin apenas edificar. De cantos rodados y aguas de una transparencia casi caribeña, desciende hasta el mar entre acantilados bajos y matorral mediterráneo.
Su fondo marino, de roca volcánica, la ha convertido en uno de los puntos de inmersión más reconocidos de toda la costa andaluza —a la altura de Cerro Gordo o Cantarriján, algo más al este—, con visibilidad que en los meses de verano supera con frecuencia los quince metros.
Más de 320 días de sol al año y temperaturas que rara vez bajan de los 15°C en invierno.
La barrera orográfica de Sierra Nevada protege esta franja costera de los vientos fríos del norte, generando un microclima único en Europa continental.
La Costa Tropical concentra la práctica totalidad del cultivo de chirimoya de Europa, junto a mangos, aguacates y los últimos cañaverales de azúcar del continente.
Meros, morenas, nudibranquios y praderas de posidonia conviven en un litoral rocoso declarado de interés para el buceo científico y recreativo.
Granada es, junto con la Costa Tropical, una de las pocas provincias españolas donde es posible combinar playa y nieve en un mismo día.
Palmito, lentisco, romero y pino carrasco tapizan las laderas que separan la costa de la Alpujarra, con senderos históricos de comunicación entre ambas.
La costa granadina forma parte de los corredores migratorios que numerosas aves utilizan cada primavera y otoño camino del Estrecho de Gibraltar.
La Costa Tropical fue puerta de entrada de fenicios y romanos, que dejaron en Almuñécar restos de sus factorías de salazón, y más tarde escenario de un litoral nazarí jalonado de torres de vigilancia contra la piratería berberisca, varias de ellas aún visibles desde la costa.
Con la conquista castellana llegó el cultivo intensivo de la caña de azúcar —introducida siglos antes por los árabes— que dio origen a los ingenios azucareros de Motril y Salobreña, algunos convertidos hoy en espacios museísticos. El Peñón de Salobreña, con su castillo nazarí sobre un promontorio rocoso, resume como pocos lugares esta superposición de culturas mediterráneas.



A pocos minutos de La Rijana, Castell de Ferro y Calahonda conservan chiringuitos de pescaíto frito y espetos de sardina sobre barcas varadas en la arena. Motril, la capital comarcal, suma un puerto pesquero activo y el Museo Preindustrial de la Caña de Azúcar.
Hacia el oeste, Salobreña y su Peñón nazarí, y Almuñécar, con sus restos romanos y la Cueva de Siete Palacios. Tierra adentro, los viñedos de la Contraviesa-Alpujarra producen algunos de los vinos de mayor altitud de Europa, y los pueblos blancos alpujarreños completan una oferta gastronómica de platos de cuchara y jamones de sierra.
En coche hasta Motril y su puerto deportivo, por la Autovía del Mediterráneo (A-7).
Hasta Granada capital y la Alhambra, por la Autovía A-44 Sierra Nevada–Costa Tropical.
Hasta el aeropuerto Federico García Lorca Granada-Jaén.
Hasta las pistas de esquí de Sierra Nevada, la estación más meridional de Europa.